Película: La La Land
Director: Damien Chazelle
Año: 2016
Países: Estados Unidos, Hong Kong

A pesar de no ser amante de los musicales, «La La Land» la última película escrita y dirigida por Damien Chazelle, y una de las favoritas americanas para los Oscars, me ha producido un profundo impacto por la fuerza con la que se manifiesta el deseo en sus personajes.

Narrada y localizada en un momento decisivo de la vida de cada uno de los protagonistas, se entrama en las vacilaciones e incertidumbres que, inevitablemente se producen al abandonar el devenir adolescente de sus intérpretes y decidir ir al encuentro del Otro sexo, como la otredad mas radical y extranjera a uno mismo.

La apertura hacia la realización de las pasiones y deseos de cada uno se manifiestan como efervescencias que empujan hacia lo desconocido que siempre talla un surco angustiante.

La manera en que se muestra la forma en que cada uno de los personajes ubica en el partenaire el sostén del propio deseo es, sencillamente, algo de la arquitectura del partenaire sinthoma.

Cada uno funciona causando y orientado esa búsqueda original, volviéndose guardián de los mas pasional de cada uno, preservando que no se disipe esa dirección —la de los afectos que atraviesan a cada uno, la del amor a una pasión—, reflejando lo sinthomático del amor mismo.

El amor se abre al Otro, hace salir a cada uno del autoerotismo. Allí donde uno y otro se miraba y escuchaba a sí mismo, es reconducido por el amor, a proyectar el síntoma en el Otro, instaurándose el partenaire en un semblante de ese síntoma, enlazándose lo contingente y lo necesario en cada uno.

La película nos muestra, enmarcado en un clima sonoro de gran sencillez y potencia, ese arreglo. Precisamente, un arreglo por el lado de las pasiones y los deseos que deja siempre algo inconcluso, incompleto.

Por suerte algo de lo fallido en el amor y en Hollywood sigue surgiendo y el deseo sigue fugándose!