Película: Relatos Salvajes
Director: Damián Szifrón
Año: 2014
País: Argentina

El éxito y la gran repercusión que ha tenido «Relatos salvajes», se debe a que es un cruel y perturbador espejo, que proyecta nuestra sociedad actual, caracterizada por el sin límites.


Son seis cuentos que tienen como común denominador la violencia en sus diferentes matices. Y aquí encontramos un primer mérito del film: muestra que hay distintos tipos de violencia. Hay una violencia manifiesta, pero hay otras formas, contenidas, escondidas en el cinismo, la hipocresía moral, la denigración, que a veces hacen del fósforo provocador del estallido. Entonces, de qué violencia se trata? Es la pregunta que Szifrón pone en boca de Darín, cuando grita de forma intempestiva: «¿Qué violencia? ¿Dónde está la violencia?» Y que nos hace preguntarnos por qué sería más violento el detonar un edificio, que la constante humillación de ser objeto de un sistema burocrático que no escucha razones, y por lo tanto impotentiza en su constante maltrato. ¿El ser objeto de un sistema perverso no es acaso, una forma de violencia?


La película atrae porque los episodios funcionan como los cuentos infantiles, que en la exageración de la crueldad de sus personajes, permite dar forma a los fantasmas más primitivos. ¿No son acaso crueles » Caperucita y el lobo»? O «Hansel y Gretel»?


Los protagonistas son seres comunes, las escenas, cotidianas, verlos e identificarse con algunos de ellos, puede resultar tan tranquilizador como inquietante a la vez.


La coordenada principal que atraviesa cada uno de los episodios nos dice que los actos tienen consecuencias y que de esos actos somos responsables.


El primer cuento que antecede los créditos nos anticipa que la película va a detenerse no en el evidente estallido, sino en lo que lo provoca, en los invisibles resortes que hacen de disparadores. No se trata tanto de la violencia que está sin duda en nosotros, sino de sostener la pregunta sobre lo que la detona.


El tercer episodio: «El más fuerte» es para mi, el más logrado. Refleja la lucha de poder por puro narcisismo, hasta terminar como el mito, ahogados en el agua (fuego) en que se miraron. Lo que es perturbador es que apenas en una vuelta de tuerca el provocador se convierte en provocado, en una lucha a muerte, sin medida. Lo que desata el salvajismo final, es una provocación sin sentido pero que reconocemos cotidiana.


Es verdad que la película toca un tema especialmente sensible para los argentinos hoy. Pero va más allá. La prueba es que el episodio llamado «La propuesta» en que un padre se mete con la mentira y la corrupción para salvar a su hijo, lo hemos visto recientemente en la película rumana: «La mirada del hijo» (Netzer, 2013).


Szifrón apresa un real de la decadencia de valores, y nos muestra con qué facilidad se cruza la línea en una sociedad que ha perdido sus principios.


Sin embargo sería importante sostener la pregunta sobre el incremento de la violencia hoy, para poner el acento más que en sus estallidos, en lo que la causa.