Película: Virgin Mountain
Director: Dagur Kári
Año: 2015
Países: Islandia, Dinamarca
Es una historia simple, con sutiles detalles que muestran lo peculiar de un sujeto que vive al margen de los estereotipos culturales para alguien de su edad; y la mirada del otro, encarnado en distintos personajes, para quienes aparece como alguien raro.
Por un lado, la vida de Fúsi, al que parece no faltarle nada —trabaja en un aeropuerto, atesora miniaturas de la segunda guerra mundial, tiene un amigo con el que comparte este juego de guerra y además otras satisfacciones—. Estas otras satisfacciones, ir a comer a un restaurant y el llamado telefónico a un programa de radio, suponen cada vez “pedir lo de siempre”, el mismo plato y la misma música. En este pedir lo de siempre, un detalle en el que se puede pensar la fijeza del goce pulsional, siempre autoerótico.
En este sentido Freud caracterizaba a la pulsión por ser una fuerza constante, en razón de ejercer empuje constante en torno a la satisfacción, con lo cual queda distinguida de cualquier función biológica. Así, Lacan (1972-1973) dirá que “todas las necesidades del ser que habla están contaminadas por el hecho de estar implicadas en otra satisfacción”. De este modo, hay el goce pulsional, goce Uno, que no hace pareja con el Otro, y que se satisface fundamentalmente en el cuerpo.
Por otro lado, la incidencia de encuentros contingentes, sorpresivos, afectan al protagonista, de allí que su mundo solitario es sacudido. En este punto, el encuentro amoroso con una mujer es fundamental. No se trata de una película de amor clásica, si bien puede ubicarse la función del amor en tanto lazo al Otro, como aquél que hace de nexo entre goce y deseo; tal como expresa Lacan (1962-1963) “Sólo el amor permite al goce condescender al deseo”.
El amor como producto de la contingencia de un encuentro, que deja marcas en el sujeto. Aborda una temática actual, la soledad, causa de padecimiento para muchos sujetos de la época y por ello, motivo de la demanda de análisis. El análisis, desde la perspectiva de Lacan, supone también como puerta de entrada, un punto de angustia y la posibilidad de un encuentro contingente que, por la vía del amor de transferencia, permita abordar aquél goce opaco, causa de sufrimiento para los sujetos.
Es destacable la actuación de Gunnar Jónsson (Fúsi), premiado a mejor actor (Festival de Tribeca: Mejor película, actor y guión). Vale la pena mirarla, eligiendo una ocasión en la que busquemos ver un cine distinto al mainstream hollywoodense contemporáneo.