Película: Soleada
Director: Gabriela Trettel
Año: 2016
País: Argentina
Soleada alcanza a captar con mucha sutileza la pregunta ¿qué falta cuando nada te falta? La angustia es un pre-sentimiento, según afirma Lacan, que aparece cuando nada te falta. Es el instante de enigma en que se sabe que algo pasa y no se puede precisar de qué se trata. Ese pre-sentimiento es lo que aparece entre los planos de este film.
Por un lado, planos estables, cámara fija, que alcanzan a captar variaciones trémulas del universo cotidiano y las tenues grietas del orden familiar. En contrapunto hay unas secuencias movedizas en las que la cámara intenta captar lo invisible. Por fuera del naturalismo en que se desenvuelve todo el relato, estas secuencias van acompañadas de un sonido éxtimo, como es la respiración bajo el agua o los magnificados ruidos de la noche. ¿De dónde vienen esos ruidos tan íntimos que retumban afuera?
La historia es simple, el relato aparenta linealidad. Soleada muestra un recorte de la vida de una mujer cualquiera. Cuando aparece el título en la pantalla, como un Scrabble puramente horizontal, primero forma la palabra Sola. Las letras se ordenan para hacer de esa soledad un medio, un vacío mediador entre la iniciación sexual de los hijos y un nuevo cuerpo de mujer, hecho con las mismas marcas de siempre. ¿Sí? ¿Serán las mismas marcas de siempre? La contingencia trae nuevos trazos, una raspadura, el montón de canas, el chapuzón inesperado, el extrañamiento frente al espejo.
Si sólo te gustan las de Stallone, ni lo intentes. Esta es una película intimista, con una cadencia pausada. Por momentos detenida. La pantalla a pleno negro marca el compás de un relato que encuentra su espesor con un juego que Lacan resalta en El Seminario 10: la escena dentro de la escena. Si mirás con atención encontrarás dos “pantallas dentro de la pantalla”. Ambas tomas acompañan la experiencia de las mujeres que se encuentran con una novedad: la iniciación de la joven enmarcada en una pantalla de TV y la experiencia soleada con el cine dentro del cine. Lo femenino no es retratado, lo femenino es el punto de mira.
Por último dos escenas mudas. Aunque suene Raly Barrionuevo de fondo, creeme que son mudas. La protagonista tiene un encuentro con un vejete, bueno, con la mirada de ese vejete. La mirada la conmueve. Los diálogos se pueden adivinar con un poco de imaginación, pero es lo que menos importa. En una película en la que se escucha hablar del pan, el papel higiénico, el segundo cajón de la derecha y un montón de palabras más que de tan cotidianas ya casi no quieren decir nada, estas escenas sin palabras resaltan. ¿Serán también silencios de mujer?
En todo caso la pregunta que deja picando se podría formular: ¿Es una mujer más angustiada que el hombre?
Dirigida por Gabriela Trettel y con la dirección fotográfica de Hugo Colace, este film hecho en Córdoba alcanza a captar una frágil sombra local sin caer en el localismo.
Mientras corrijo este texto advierto algo más. La protagonista es editora, acomoda las letras y los espacios con una marca sobre el papel. La hija descubre una revista de palabras cruzadas que se propone resolver. Es un juego que no sirve para nada. Si vos también las sacaste, habrás adivinado de qué se trata el goce femenino: un gusto sin un porqué, sin razón y sin locura.