Película: Blue Jasmine
Director: Woody Allen
Año: 2013
País: Estados Unidos

Con Blue Jasmine, Woody Allen nos sumerge de un modo fascinante, como nos tiene acostumbrados, en el mundo de las parejas, de las contingencias que hacen a los encuentros y a los desencuentros en el amor, a sabiendas que nada allí está garantizado.

En este caso nos encontramos con una historia de desamor. Blue en inglés se usa para nombrar el color azul, así como también para referirse a un estado de ánimo triste, melancólico. Esto está presente a lo largo de todo el film, que se basa en dos momentos de la vida de Jasmine/Jeanette (Cate Blanchett) a los cuales accedemos mediante flashbacks. Hay un ida y vuelta entre su presente —en él se la ve perdida, melancólica, viviendo en la casa humilde de su hermana —y su pasado. Pasado que irrumpe a partir de recuerdos donde parece que todo era perfecto, luminoso. Se muestra a una Jasmine “felizmente” casada con Hal (Alec Balwin), viviendo en un lujoso apartamento, rodeada de amigos, de evento en evento. El director de una manera excepcional nos va llevando hasta el punto en que todo eso se desmorona.

Con una actuación impecable de Cate Blanchett, viviremos la devastación de una mujer que enloquece ante la pérdida del amor de un hombre, amor que le permitía armar algo de su ser y de su imagen. Hal nos cuenta, con Blue Moon sonando de fondo, que el se enamoró del nombre Jasmine, nombre que luego nos enteraremos fue inventado por ella: “Jeanette, no tenía gancho”. Así, ella se inventa, se hace para este hombre; eso los engancha y los mantiene juntos.

Pero, ¿qué hace que la pareja deje de funcionar? ¿qué empuja a esta mujer a la locura? ¿de qué es capaz ante el amor perdido? Con su ser arrasado, enajenada, balbucea: “Au pair francesa…Blue moon. Solía conocer las palabras. Me sabía las palabras. Ahora todas ellas son un revoltijo”.