Películas: Grandes Esperanzas
Director: Alfonso Cuarón
Año: 1998
País: Estados Unidos

Dos niños bailan un bolero… Unas vueltas más y nos encontramos con dos jóvenes bailarines. La misma música, la misma sutil torpeza de él, la bella indiferencia de nuestra protagonista son algunos de los preciosos componentes de esta exquisita película.


Sin embargo, para mí, la riqueza está en el escenario del baile.


Mientras ellos bailan al son de una romántica canción, a su alrededor está la destrucción. Una mansión, un jardín y una antigua enamorada detenidos en el tiempo, sin límites. No es posible establecer los bordes de ese jardín.
En primer plano el baile y de fondo: el estrago.


El jardín, la antigua enamorada: “figuras de un goce no-todo fálico (…) Es decir que en la figura del sujeto femenino, algo escapa a la metaforización dentro del marco de la ley del deseo.” (Brousse, p.120) Sin límites tanto en el amor como en el odio.


Desde el Psicoanálisis sabemos que no hay un significante que nombre qué es ser una mujer. En la trasmisión de lo femenino hay una imposibilidad, un vacío. Creo que en este film podemos ver algo de ese intento de trasmisión vía el odio “se piensa siempre en el estrago por el lado del amor, pero también puede ser por el lado del odio. Odiar a un hombre puede ser algo que produce el estrago” (Brousse, p.122)


El camino por un análisis puede hacer posible la construcción de un saber hacer allí con la femineidad, un saber hacer propio, singular. “Para una mujer habría una posibilidad de saber hacer allí con el real de la femineidad a partir de lo que puede deshacerse del reproche doloroso y reivindicativo dirigido a la madre” (Solano-Suarez, 2003, p.56)


Decidir componer, bailar el propio bolero… sobre un fondo de imposibilidad.

Bibliografía
Brousse, M-H. Bits of Bits. Entrevista realizada por Daniela Fernandez y Débora Ravinovich en Registros 7. Rouge.
Solano-Suárez, E (2003) Clínica Lacaniana. Tres Haches: Bs. As.