Película: Julieta
Director: Pedro Almodovar
Año: 2016
País: España

“Cuando leyó la carta, Juliet se estremeció,
como le ocurre a cualquiera al descubrir
la voz conservada y turbadora
de un yo pasado ficticio.”
Alice Munro. Pronto

Rojo intenso de una camisola de seda que se interrumpe por el terracota de una escultura erótica. “El Amor”, también “El Amante” de Marguerite Duras. Una foto rasgada. El pasado que retorna. Así empezará a escribir la protagonista, Julieta, un relato, en un desesperado intento de transmitir a su hija Antía lo intransmisible, de explicar lo inexplicable.

Azul turquesa de un tejido de punto. “La Tragedia Griega”. Un tren. Un venado cabalga sensualmente al lado del tren, como cabalgará la mujer sobre el cuerpo del hombre amado. Una historia de amor que comienza precisamente con una tragedia que avizora, como una maldición, otra tragedia que pondrá fin a esa historia.

Púrpura, verde, carmín, añil, amarillo, blanco, celeste, violeta….la paleta vibra en la pantalla, es el lenguaje áfono de una pieza cinematográfica poblada de detalles exquisitos.

Con Julieta, basada en tres relatos de la canadiense Alice Munro —Premio Nobel de Literatura 2013— “Destino”, “Pronto” y “Silencio”, Pedro Almodóvar, nos cuenta, una vez más, la historia de una mujer, de varias mujeres. Esta historia es mucho más que una historia, es el despliegue de una textura cromática que se impone y que escribe la ausencia en que se funda lo femenino.

“Siempre supe que había algo en tu vida que nunca compartiste conmigo. Nunca quisiste hablar sobre eso”. Tales las palabras de Lorenzo a Julieta.

El psicoanálisis nos enseña que en el registro de la exigencia de amor la mujer pide ser reconocida como única, pero “…si se satisface ahí la exigencia del amor, el goce que se tiene de una mujer la divide, haciendo de su soledad partenaire, mientras que la unión queda en el umbral.”(Lacan, 1972 [2013]) La mujer sigue siendo compañera de su soledad en su goce y esto nos “…muestra el fracaso de todo reconocimiento del amor para librarla de ella”. “La soledad de una mujer se funda en un goce al que ningún hombre puede seguirla.” (Miller, 1999)

Pero Lorenzo insiste, el amor insiste… “Eres tú el que no me deja sola a mí” le dice Julieta.

Y si la historia fracasa y si el misterio nos decepciona y si el drama nos hastía tenemos el rojo, el azul, el púrpura, el amarillo, el verde, el blanco que nos embriagan.

Sabemos que no hay significante que diga lo que es ser una mujer, que no hay palabra que aprisione su esencia. Pero Almodóvar no se rinde y da una respuesta lacaniana en sus películas. El sabe que la mujer no existe, que lo femenino es el continente oscuro que interrogaba a Freud, pero sabe que sí existen las mujeres una por una. Pepi, Luci, Born, Pepa, Victoria, Tina, Rebeca, Alicia, Manuela, Julieta, las chicas Almodóvar llegaron hace 35 años para quedarse y están más vivas que nunca…

Lacan, J. (1972 [2013] “El Atolondradicho”. Otros escritos. Bs. As.: Paidós, 2013. Pág. 491.
Miller, J.A. (1999) Los signos del goce. Bs. As.: Paidós. Pág. 373.