Película: La Ladrona de Libros
Director: Brian Percival
Año: 2013
Países: Estados Unidos – Alemania

Las resonancias sobre la película “La Ladrona de Libros” activan estas líneas. Una de las preguntas que deja la película para mí es ¿Cómo es posible que una niña de alrededor de 11 años, no caiga —no sólo bajo los efectos de la guerra— sino del abandono de su madre? En un contexto donde la pulsión de muerte pareciera arrasar, ella sin embargo encuentra una salida.


Recorto la escena en la que el refugiado en el sótano de la casa pregunta a la niña cómo ha sido el día y cuando ella se dispone a un relato descriptivo, él le pide “un esfuerzo de poesía”. La protagonista se entrega a las metáforas sobre la luna, encontrando un nuevo empuje a su deseo por aprender a leer. Escena conmovedora donde se puede advertir que no es lo mismo la falta de instrucción que la “precariedad simbólica”. Sin instrucción pero no sin “enunciación” que se despliega con satisfacción también para los espectadores.


¿Pero qué ha ocurrido antes, para que ella se entregue a esta experiencia? El encuentro con quien será su padre adoptivo, quien a distancia de pretender la adaptación de la niña, la espera e interviene de distintas maneras buscando los signos de su consentimiento.


Escribo bajo las resonancias del film, aunque ahora me queda el deseo de volver a verla con la pregunta acerca de la función que tendría el nombre “la ladrona de libros” para la niña. Pero este es otro tema, otro punto de encuentro en la intersección entre Psicoanálisis y cine; que al mismo tiempo despeja los puntos que nos separan, inherentes a la especificidad de nuestra práctica, cada vez que nos enfrentamos al desafío de pensar qué hacemos para convertirnos en el partenaire en cada caso, con la presencia y las palabras oportunas.