Película: Mandarinas
Director: Zaza Urushadze
Año: 2013
Países: Estonia, Georgia

Abjasia es un pueblo desolado por la guerra, allí viven Margus quien cultiva mandarinas e Ivo, carpintero sereno y paternal que hace los cajones para la fruta de su amigo. Los diálogos son breves y concisos. No hacen falta muchas palabras para mostrar lo paradojal de la guerra.


Mandarinas no hace foco en un conflicto bélico en particular sino en la ambivalencia amor-odio del hombre.
Mientras que Niko y Ahmed —soldados de bandos contrarios— insisten en mostrar que el otro es el enemigo, Ivo marca que la ley funciona bajo su techo, imponiendo la renuncia a las tendencias asesinas que están ahí: irreductibles. La impone una voz firme y serena que dice alto al goce pulsional destructivo.


La película muestra con singular estética la transformación de los lazos en medio de la guerra, orientada por una ética que no niega la pulsión de muerte pero tampoco cae en la impotencia frente a la tragedia.


Mandarinas me trajo a la memoria a Primo Levi, en una entrevista le preguntaron a qué atribuía el haber sobrevivido; respondió: “además de a la suerte quizás haya desempeñado algún papel la voluntad de reconocer siempre, aún en los días más negros, tanto en mis camaradas como en mí mismo, a hombres y no a cosas”
Espero que les den ganas de verla, de volver a verla, de recomendarla y de hablar de ella tanto como a mí.